La vida puede cambiar en un momento – Capítulo 1

La casa

Me desperté, no recordaba quién era, dónde estaba, ni qué había ocurrido. Estaba recostada en un colchón mohoso y maloliente que estaba tirado en el suelo de una habitación oscura, amplia y de paredes muy altas. Me incorporé como pude, ya que estaba un poco mareada, pero a parte de eso parecía que estaba bien, no estaba herida y únicamente tenía la ropa un poco sucia. Me dispuse a inspeccionar el lugar. Lo primero que vi fueron unas tablas colocadas en la ventana para tapiarla, las cuales apenas dejaban que se filtrase algo de luz y parecía que se habían colocado, por alguna razón, con muchas prisas. Traté de buscar un interruptor con el que poder tener algo más de luz en la estancia, era complicado con tan poca luz, pero encontré uno cerca de la puerta, aunque no hubo suerte, la luz no se encendió. De repente, escuché susurros provenientes del final del pasillo al que daba la puerta de la habitación.

Sin saber si se trataba de amigos o enemigos, salí de la estancia y me dispuse a recorrer el largo pasillo que me llevaría hasta el origen de los susurros. Caminé despacio, tanteando el terreno tanto con las manos, como con los pies, puesto que todavía desconocía la distribución de la casa y estaba muy oscura como para ver nada. El pasillo desembocaba en una amplia estancia, con una gran mesa de comedor en el centro, una cocina al fondo y una chimenea, la cual, a pesar del frío que hacía, estaba apagada. En el centro de la habitación, y sentados en las sillas de la gran mesa de comedor, se encontraba una pareja adulta que desprendía un aura de confianza. Por la edad que tenían, perfectamente podrían ser mis padres, pero… ¿lo eran? no tenía ni idea, ni siquiera podía recordar eso.

La pareja notó mi presencia y cortaron de golpe su conversación. Me dio la sensación de que hablaban de algo importante y no querían que yo me enterase. Entonces, ella me miró y con una amplia sonrisa en la cara me ofreció asiento a su lado y algo de comer.

– Mujer: Lo siento mucho niña, no tenemos mucho para comer, esto es lo único que podemos ofrecerte.

– Yo: Está bien, no importa.

– Mujer: Imagino que estarás muerta de hambre, llevas 3 días inconsciente. Estábamos muy preocupados por ti.

– Yo: ¿Tres días inconsciente? ¿Por qué? ¿Qué me pasó?

– Hombre: ¿No lo recuerdas?

– Yo: No, no recuerdo nada.

– Mujer: … (mirando al hombre con un rostro que expresaba tanto pena como preocupación)

– Yo: ¿Sabéis lo que me ocurrió? ¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde estoy?

– Mujer: (con un tono de voz muy amable) Niña, no te preocupes de eso ahora. Come y descansa todo lo que puedas.

No tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo, estaba intranquila por no poder recordar nada y no me inspiraba confianza que la pareja no me quisiera dar más detalles o que estuviesen intentando evitar el tema. ¿Sería de eso de lo que hablaban antes de interrumpir su conversación con mi presencia?. De momento, no podía hacer nada, así que me resigné, tomé el trozo de pan que me dieron y el cuenco con sopa, que más que sopa parecía agua sucia, y sacié un poco el hambre que tenía.

Indica que te ha gustado...
...y comparte

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *