Verano espectral

Pasado el mediodía, luego de salir de mi trabajo, iré a dejar unas cosas de mi madre. Tomando la ruta quince, un camino conocido, para llegar a la vieja casa de playa de mis padres, en las afueras de la ciudad. Desde que tengo uso de razón siempre en cada verano, visitábamos aquella casa y nos alojábamos en ella. Unos años después mis padres la compraron. Esta queda por un camino apartado, con calle de tierra y poca iluminación. Toma casi tres horas de viaje en auto y sin un mapa es casi imposible llegar. Solo después de aquel suceso perturbado, del cual fui participe a mis 23 años, decidí no ir nunca más y solo por hoy, volveré nuevamente a tomar esa ruta.
Aun lo recuerdo como si fuera ayer…

El calor sofocante de la ciudad nos sobrepasaba y mis padres decidieron vacacionar en su nueva casa. Yo me encontraba en la universidad y solo iría después de terminar con mis exámenes. El fin de semana llegó y me disponía a viajar, preparé el auto, cargué las cosas que necesitaba y salí hacia la ruta. Era una típica tarde de verano, la brisa quieta y los rayos de sol, me quemaban, la humedad en alza, traía consigo unos nubarrones que avisaban una pronta tormenta. Tomé la ruta quince y a unos pocos kilómetros, mas adelante, me desvié por el Camino del Monte. Una calle de tierra sin fin. Tenía todas las instrucciones. Media hora después de manejar sin parar, me perdí como un tonto y fue cuando divise una figura humana, entre una extraña bruma que se alzaba, al costado del camino.
Me acerqué con el auto para ver. Enseguida note que era una joven. Su ropa era extraña. Le pregunté si estaba perdida y me contestó: – Me llevaras a casa.
Le respondí que -sí, abrí la puerta de atrás y subió seria e inmutable. Su rostro era tan bello. Y su cabello largo era sostenido por un listón negro. Le pegunte que hacia con este calor divagando y solo sonrió, no me extrañó, así que, le pedí indicaciones y me dirigí a su casa. Me presenté y le dije que me llamaba Gabriel, no hablo durante todo el camino.
La lluvia comenzó a caer al punto de perder casi toda visibilidad, pero al llegar cerca de una pequeña posada, me pidió que me detenga y que bajara del auto. Ya que era de su propiedad, me daría alojamiento hasta pasar la lluvia. Al entra a la posada, ésta se encontraba en pésimas condiciones, poco iluminada, parecía antigua y sin refaccionar. Subimos unas escaleras y la lluvia se convirtió en tormenta. No tenía señal en mi celular y no podía avisarles a mis padres que llegaría mas tarde.

Me mostró un cuarto e invito a pasar, acepté agradecido. Le pregunté:- ¿donde están tus padres? Me miró de reojo y se retiró. Su actitud reacia, me causo desconfianza, pero tantas horas de manejo me habían agotado. Tomé la precaución de trabar la puerta con mi cuerpo. Me iría a penas mermara la tormenta. Me senté sobre el suelo, apoye mi cabeza sobre las rodillas y quede totalmente dormido.
Entré en un sueño extraño, donde sentía como unas manos recorrían mi cuerpo. Algo que me excitaba mucho y elevaba mi temperatura corporal. Comencé a transpirar por el éxtasis. Abrí los ojos para ver quien me proporcionaba semejante placer y divise una mirada penetrante, con ojos color celeste y un cabello largo y brillante como el sol. En ese momento comprendía que era la joven muchacha quien estaba encima de mí. El pudor se hizo presente. Intentaba moverme, pero algo no me dejaba. De repente apretó mi cuello fuertemente y me provocó una sensación de dolor, sus labios se curvaron y despojaron una risa siniestra con un sonido chillón, me dijo: -No volverás a irte, nunca más de aquí.
El horror se apoderĂł de mĂ­. La joven acercĂł su boca a la mĂ­a y succiono mis labios sin compasiĂłn. Me succionĂł hasta la Ăşltima gota de energĂ­a, al punto de hacerme perder la conciencia. Al despertarme nuevamente, la tormenta habĂ­a pasado. Me encontraba en el interior del auto, con la puerta abierta y no entendĂ­a nada. Me sentĂ­a como un muerto que no podĂ­a moverse ni hablar.
Salí del auto, un poco confuso y vi a un hombre en la puerta de aquella casa abriendo un candado, me acerqué a él y le pregunte por la joven, contándole lo sucedido hacia unas horas y omitiendo los hechos sexuales. El hombre me dijo que lo siguiera al interior. Al entrar en ella, un cuadro enmarcaba la entrada, era una típica familia. Un matrimonio y una hija. La reconocí de inmediato y dije que era a ella, a quien me refería, el hombre me contestó que eran los dueños de la casa pero que habían muerto hacia 50 años.

Me quede anonadado y le pregunté ¿quien era la joven? Me dijo que ella se llamaba Alexandra y que se había suicidado a sus 18 años, después de que su amante la abandonara. Dejando solo una carta, diciendo que lo esperaría eternamente en su hogar. Al enterarse sus padres, avergonzados y dolidos, se fueron del lugar. También me dijo que algunas personas decían que su fantasma ahogado en resentimiento, deambulaba por las inmediaciones en busca de su amante. Me asuste tanto que abandone la posada inmediatamente y volví a la universidad. No les conté lo sucedido a mis padres y no volví nunca más a esa casa de verano.
Hoy por primera vez, después de 6 años, volví a ese camino y no puedo dejar de pensar en lo sucedido aquella tarde, ya que un escalofrió me recorre el cuello, como tampoco puedo evitar mirar varias veces, por el espejo retrovisor, asegurándome de no llevar nuevamente, ningún pasajero ocasional…
Fin…

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