Tiempos Violentos – Capítulo III

-¿Qué deberíamos hacer contigo? ¿Qué eres tú?

-¿No respondes?
-No sé si me interesa.
-¿Interesarte el qué?
-Vivir.
-Sabemos quién eres porque has matado a muchos, algunos eran de los nuestros.
-Hago lo que debo hacer.
-Y también te ordenaron que los torturaras.
-Eso lo hago porque amo mi trabajo.
-Y si yo lo hiciera contigo.
-Entonces puede que no amase tanto mi trabajo.
-¿Cambiarías tan fácilmente de opinión?
-Sí.
-¿Dónde queda tu voluntad y tus valores?
-No te equivoques conmigo, yo no me rijo ni por los valores de tus putos lobos ni por los de los hombres, hago lo que es conveniente en cada momento. No me guío ni por mi raíz humana, en cada momento pienso y actúo según el instante. No soy ni la misma agua, ni el mismo río.
-Heráclito. ¿Plagiando autores?
-Él me plagió a mí. Yo no pedí conocerle, él se dio a conocer con algo que yo ya sabía.
-No sabes nada.
-Claro que no sé nada, pero qué importa. ¿Qué es el saber? Lo que sabes tú… o lo que saben ellos.
-No es real que estemos dialogando sobre el saber. ¿No os parece increíble chicos? Dime, alguna vez te han dicho que eres un gilipollas.
-No, pero lo han pensado.
-¿Y sospechas el motivo?
-Porque doy a entender que soy mejor que los demás, ellos, algunos odian esa actitud, pero en su interior incluso lo creen, lo que les hace sentir más rabia. En el fondo no saben nada, no saben que soy lo que soy, ni mejor, ni peor, diferente.
-En eso te equivocas. Lo diferente también puede ser mejor o peor.
-No concibo el error o el acierto, considero que la única verdad absoluta que hay, es que toda verdad es parcial, e incluso las mentiras son verdad.
-Entonces no aceptas ni niegas nada.
-Me parece la posición más inteligente, y no por ello es fácil. Porque mi postura intelectual compite con mis actos, ellos son en esencia los que niegan y afirman cosas. Matar, disfrutar, violar. Son muchas las luchas que tengo sobre mí.
-No eres tanto como quieres hacernos creer.
-Quisiera creer que sí, pero a fin y al cabo. No.
-Pues has caído en la soberbia amigo mío.
-¿Y está mal?
-No, pero si te sientes mal contigo mismo entonces sí puede estar mal. Hay personas que nacemos para amar y ser felices con nuestra soberbia, otros la han fabricado, cuando en el fondo son humildes. ¿Quieres hilvanar sobre las debilidades humanas?
-Dicen que eres un estúpido en todo lo que hablas.
-¿Y no es estúpido atribuir a un animal unos derechos innatos que solo tienen dos siglos de validez en ciertos países? Hablan del derecho humano como si estuviera en los genes el derecho a vivir, o el derecho a una casa digna, derecho a un trabajo digno o el derecho a la educación. Yo estoy en contra de eso, porque eso MUTILA AL HOMBRE. Lo encadena. Lo vuelve más sumiso. Lo convierte en esclavo. Nos dan unos derechos que no se pueden justificar más que con la moral y nos encargan unas obligaciones que no tienen más justificación que la moral.
-¿Qué moral?
-La moral que conviene. A un puñado de capitalistas les conviene que quieras un techo, un trabajo, les viene bien, pregúntale que derechos hubiera querido un agricultor. Poder vivir más tiempo y sin trabajar! Esos son derechos humanos, esos. Y no son sino deseos, porque el único derecho que poseemos es la posibilidad de seguir viviendo hasta que agentes externos o internos decidan acabar con nuestra vida.
-Puntos de vista.
-Oh, eres un creído. Te escudas como los sofistas en puntos de vista y así lavas tu precioso culito blanco sin mojarte.
-Claro que me mojo y tengo convicciones, pero no soy como vosotros imberbes, yo sé que estoy eligiendo algo de verdad y negando el resto de la verdad. Las opiniones, incluso aquellas sin argumentos o justificación también son verdad. Negarlas es ser tan estúpido como aquel al que atacas.
-¿Tu solo piensa la vida?
-Procuro vivirla y pensarla.
-Por eso matas.
-Mato porque vivo la vida, y sufro porque pienso la vida.
-¿Sabes que haremos contigo?
-¿Puedo ser soberbio en la respuesta?
-Adelante.
-Si todavía no me habéis aniquilado y en vista de que estoy rodeado, posiblemente sea porque pensáis interrogarme o posiblemente torturarme, que toda esta conversación sea una distracción, pero en vista de tu labor existe una pequeña posibilidad. Que hayas oído hablar de mí, y me hayas tanteado para que me una a ti, de ahí que no hayas hecho ninguna pregunta relevante sobre mis clientes y sencillamente quieras saber qué persona soy. Con lo cuál posiblemente quieras que forme parte de tu equipo y saber si soy uno de los vuestros y alguien de fiar. Aunque realmente carece de sentido, sea lo que sea lo que yo diga vosotros tenéis el control ahora. El poder es vuestro hasta que salga de aquí y os mate a todos.

Hubo un gesto. El rey había decidido. Soltaron al asesino y le llevaron junto al lobo. Era uno más en la manada. El que mayor nota había sacado. El mejor de todos. Ambos entraron en el mismo agujero oscuro. Nadie supo lo que sucedió ahí. Sólo que salió un rey y un siervo. El soberbio se mostraba misterioso segundario. Seguidor fiel del lobo entre los lobos. Los hombres comenzaron a sentir miedo. La vida costaba cara y las fuerzas del bien no pudieron detener, grandes dirigentes muriendo, muchos inocentes muriendo.

El techo era distinto. Era muy distinto. El techo había cambiado. Me dolía la cabeza. ¿Quién era? La repentina burla del mundo. Los sueños de un pasado que no existió, mas sabía hablar, mas era alguien. Dudo que alguien no fuese con anterioridad a despertar.

Pasos que anticipaban la venida de alguien. La sorda ilusión. La perfecta conjunción de cognición y percepción física. El baile de Descartes sobre la realidad, en ella como obsequio de lo falto. ¿Razón o sentido? A cuál deberíamos dar mayor veracidad, tras ser testigos de sus atroces crímenes.

-Despertáis al fin.
-¿Quién eres?
-El alfa y el Omega, el que es, el que era y el que viene.
-¿El cordero?
-Ahora soy el justiciero.
-La justicia es irreal.
-Ja ja ja ja incluso olvidando quién sois, seguís manifestando con axiomas orgulloso afirmaciones de vuestro antiguo yo.
-¿Quién era?
-El ser más honesto consigo mismo que he conocido.
-Pero… yo… sería una buena persona ¿No?
-La mejor que tuve el placer de conocer.
-¿Mentís?
-Yo nunca miento, y si tanto, como máxime ocultaría la verdad.
-¿Por qué siento un pesar?
-Porque os he arrebatado la identidad, pero no el padecimiento.
-¿Acaso estoy enfermo?
-Sí, de vos mismo.
-Para eso no hay cura…
-La hay, sin embargo ahora no pienso dártela.

Maravilla ver cuán frágil es la mente. Somos memoria. Sin ella, no somos. Es tan duro. Es tan real. Sin memoria no hay nada. No hay yo. No hubo yo. Solo los fragmentos que aquellos que nos rodearon guardan, aún lejos de sus deseos en algunos casos. Hasta el punto de la desidia, el individuo debe morir y renacer hasta el punto de acallar las voces de la memoria. En una vida hastiada y mortuoria. Tras el ámbar de la negra cima donde ya no queda nada.

“La presidente ha sido secuestrada por miembros de la banda terrorista, que durante meses han cometido actos atroces. La situación es alarmante y las fuerzas de la justicia buscan incansables el paradero de la presidenta para su pronta liberación. Esperemos que esté bien y recemos por ella.”

El cuadro pintado en los colores de Dios, dónde siempre faltó el rosa, es ahora una mirada a quien ya no recuerda, mas sigue haciendo las mismas atrocidades que antaño. Sentada, tras haber sido violada estaba la dueña del mundo libre y justo. A espaldas de ella como una misericordia efímera esperaba el gran lobo su turno para penetrarla. No importaba, filósofos, economistas, escritores, poetas, jefes, panaderos, la banda al completo cansada de la presidente se la follaron con rabia. Al fin, un dirigente opresor recibía solo un cuarto de lo que había hecho. El que no poseía memoria, se mantuvo al margen. Al margen y fue llevado para hacer la guardia.

-Decidme ¿Sigo siendo bella?
-¿Cómo?
-Algunos me pegaron… ¿Tengo heridas en mi rostro?
-Sois víctima y lo único que os importa es vuestra belleza…
-En este mundo de monstruos, debo ser guapa para que me vean y una vez que me vean, vencerles en inteligencia. No pienso ser como esas mujeres inteligentes que muestran pleitesía por su físico inferior o aquellas que tienen su cabeza hueca.
-¿Hablas de perfección?
-No, hablo de no resignarme a lo que la genética me dijo que fuese, y por mucho que vosotros hagáis lo que hagáis yo no pienso perder lo que he logrado durante años.
-¿Somos los malos?
-¿Tú que crees?
-No lo sé. ¿Qué diferencia el bien del mal?
-Estoy atada, he sido… … ¿Qué coño quieres que te diga?

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