Tiempos Violentos – Capítulo II

No es algo que puede importarme. Cuando estás perdido en la bruma seguir las migas de pan no te salvará, sólo hará que pienses o creas que llegarás a un final. Que saldrás, pero no se puede salir si no es por tus propios medios. Allí, afuera estaban las ovejas, que se apiñaban como enemigos y aliados. Alejados de la mano de un pastor noble, y engañadas. Pensaban que todo lo que ellos eran resultaba ser verdad. Yo no soy el camino, pero al ser diablo, sé que el camino que ellos han tomado es una cadena guiada por otro Hades.

El mundo se había roto, los que siguieron a los lobos atacaron con fiereza a quienes le custodiaban. Seres con unos poderes desconocidos. Desfigurados. Solitarios. Perros sin correa que vagaban de aquí para allá. La guerra se había iniciado. Los gobiernos y en especial la presidenta de uno de los países más importantes había iniciado la cacería de l banda armada conocida como SUMUS, y para ello creó al grupo militar CARP. La prensa comenzó su personal guerra mediática. Hablaron de crímenes, de asesinos desalmados y quemaron todos sus mensajes. Todos sus argumentos, arguyendo que eran sandeces. El asesino no encontró la verdad. La televisión se encendía. Era un debate de los muchos que se daban.

“Estos locos que hablan de lobos y hombres, son unos estúpidos. Niegan los derechos fundamentales del hombre.
Son un grupo de imbéciles que juegan y matan. Esperemos que la policía y la justicia se encargue de ellos.
Hablan de libertad, cuando acaban con la libertad de multitud de personas y su derecho a vivir, son una panda de idiotas.
No saben nada, la policía debería detenerles.
Si por mi fuera, los ahorcaría.”

No podía encontrar la verdad. Por un lado, sentía que no tenía nada que decir. Nada por lo que existir ni ser. Era un monstruo. ¿Qué poder tenía para opinar? Pero algo no encajaba. Si ellos tenían la razón, ¿Por qué tanto miedo?

Tic-tac, el sonido del móvil. Apareció un rostro. Un rostro que el asesino ya conocía. A él. Al que todos odiaban. Al que todos menospreciaban. Al rey de los lobos.

Sin embargo, me sentía extraño. Una sensación rara me invadía el estómago. El lugar donde localicé a mi asignación me la ofreció el cliente. Cuando llegué todo estaba muy calmado y no había tropas que guardasen el sitio. Me sentí extraño. Había escogido un almacén alejado y solitario. Demasiado obvio.

Hubo un silencio, un telar ennegrecido lo ocupó todo. Al abrir los ojos, el asesino comprendió que era una trampa. Los lobos estaban todos de pie. Caras de pocos amigos. Como los aguijones convertidos en ojos. El veneno que seducía a las masas marginales. De lo lejos apareció una figura. El cazado cazador.

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