Despues De La Tormenta Llega La Calma – Capítulo 9 (continuación)

Interrumpiendo ese momento, Sebastián abrió la puerta y expresó a Nicolás, su descontento.
-Ya es hora. Debemos hablar con los devotos.- mirando con preocupación, la escena que se representaba delante de sus ojos.
-Sí. Lo siento.- dijo el sacerdote mientras se levantaba de la silla.
Albert con la mirada hacia el suelo y la cara marcada por el llanto. Se dispuso a salir de la habitación. Pero antes de cruzar la puerta, Sebastián le expresó unas palabras.
-¡Niño! Ve y lávate la cara, ya es hora de que vuelvas a tu casa. A veces los jóvenes no saben, donde terminan los límites.
Éste giró su rostro, mirándolo, no pronunció sonido. Solo la expresión de esos ojos claros, valía más que mil palabras. El joven se retiró de la habitación pero antes se dirigió a Nicolás.
-Recuerde lo que le he dicho padre, yo mantendré mi palabra. No me decepcione.- cerró la puerta y se fue.
-Vamos, nos están esperando.
Habían quedado de acuerdo, que versión de los hechos contarían. No quiso preguntar a que se refería el joven, pero en su interior imaginaba que no fue capaz de decirle la verdad.
El tiempo en el cual Sebastián estuvo esperando, decidió llamar a reunión al los devotos representantes y así dar por comunicado el traslado y sus motivos. La reunión duró horas, los porque de tan abrupta decisión y las objeciones fueron planteadas. Al final todos escucharon. El apoyo al párroco, era más importante, ya que ayudar al prójimo era su meta en la vida.
Después de la reunión volverían a La Aurora, no esperarían al día siguiente, pues viajarían de noche. Con sus pocas pertenencias embaladas y guardadas. Los sacerdotes se dispusieron a viajar.
Antes de retirarse de la capilla, Nicolás observó por última vez cada rincón, atesoro sus aromas, sus recuerdos, los gozosos momentos que había podido disfrutar, dando sus queridas misas y no pudo evitar quebrarse. Sebastián tocando su hombro, le recordó que ya era hora de irse.
Subieron al coche de Ernesto y partieron rumbo a la estación, al llegar a ella, el tren estaba listo para salir. Sebastian entregó los boletos, mientras Nicolás miraba hacia todos lados, buscando. Esperaba que algo o alguien lo frenaran de tal hecho a cometer.
Suba por favor padre, ya estamos por salir.- le dijo el guarda del tren.
-Si. Enseguida, disculpe.
Ambos subieron al tren y este comenzó por moverse, tomando velocidad su destino ya estaba marcado. Tanto la imagen del mismo, como los pensamientos del sacerdote se perdieron en la noche, ocultos, por la niebla en las vías…

“Todo tiene un por qué en la vida, solo nosotros debemos darle el sentido…”

Dos semanas después que los sacerdotes se erradicaron en el pueblo de La Aurora, la contestación de la carta enviada por Nicolás, llegó. Su nueva residencia proporcionada por la arquidiócesis era la provincia de Jujuy, en la Capilla Santa Rosa de Lima, significativo espacio de reflexión y consagración. A la cual debía de representar en un lapso no mayor de tres semanas. Al recibir la noticia Nicolás se consternó, ya que ésta se ubicaba a 1300km de su pueblo natal. Le seria muy difícil ir a visitar a sus seres queridos, nunca antes se había sentido tan arrepentido. L o comento con su familia y sus padres estuvieron de acuerdo, ni siquiera su padre lo cuestionó, ya que para él, también un suspiro de alivio se alojó en su pecho. Si sus sospechas no eran ciertas, esto disolvería cualquier duda.
-Bueno es un poco lejos hasta de mí, pero te será bueno conocer otros lugares.- dijo Sebastian tratando de animarlo.
-Tienes razón, nunca antes me fui tan lejos, solo a pueblos cercanos.
-Será un buen cambio. Ánimo Nico…
-Sí…
El viaje hasta Jujuy por tren duraría tres días, parando en varias ciudades a descansar, comiendo en diferentes comedores y conociendo gente nueva todo el tiempo, una experiencia única para el sacerdote. Se aprontó pues viajaría la semana entrante.
Escribiendo una carta casi diariamente, Nicolás se comunicaba con el casero del Challao, este lo mantenía al tanto de todo lo acontecido en su ausencia. No se animaba a preguntar por Albert. ¿Que seria del muchacho? Había roto su promesa, y la traición era una carga muy difícil de sobrellevar. Por lo tanto decidió mantenerse al margen de su existencia.
El día que tuvo que partir hacia Jujuy, Sebastian lo acompaño, antes de retirarse Nicolás agradeció su ayuda y su amistad, se abrazaron y despidieron.
Ese fue el final y el principio de una nueva vida. Pero ¿llevaría consigo una herida abierta? ¿Una que nunca lograría sanar?

Continuará…

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