Despues De La Tormenta Llega La Calma – Capítulo 8

Deseo concretado

Una vez en el interior de la habitación, Nicolás se encontraba totalmente dominado, atado de pies y manos cualquier intento por escapar resultaba inútil.
UHF! Mm.
Si libero sus labios, promete no gritar. En realidad se que no lo hará…
Este quitó el pañuelo de su boca, en el mismo momento en que dejo escapar un suspiro de alivio.
Que… piensas que haces muchacho ¿estás loco?
No estoy loco. Solo cumplo lo que desea.
Albert se levantó de la cama, corrió un mueble cuidadosamente sin hacer mucho ruido y obstruyo la puerta, luego continuó con quitarse la ropa, muy lentamente. El espectáculo que se brindaba delante de los ojos del sacerdote era casi imaginario, ni su peor pesadilla, se comparaba, con el grado de stress que estaba viviendo en ese momento. Pero una sensación antagonista casi eufórica nacía oculta en su interior.
El joven solo con su ropa interior se alzó sobre las caderas del hombre, y con sus suaves manos levantó la túnica.
¡OH por dios! ¿que vas hacer?
¡Cállese padre! no me obligue a amordazarlo de nuevo.-dijo sin alzar demasiado la voz.
El bello cuerpo, bien proporcionado que observaban sus ojos, no tenía comparación a ninguna obra de arte, que hubiera visto durante sus estudios en el seminario. El solo hecho de mirarlo y de apreciar su cara libidinosa hacia que el calor brotara por cada uno de sus poros.
-Manténgase callado hasta que sienta que comienza a disfrutarlo.- tomando con su mano derecha el miembro de Nicolás.
Nn! ¡¡Nnnn!! Ahhh…
Es realmente desobediente.- apretaba fuertemente la punta.
Ahhh! Noo!
Estimuló el miembro del sacerdote tocando y sobando de arriba hacia abajo. Las agridulces sensaciones volvían repetidamente y su mente desvariaba por momentos. Besando su pecho, pasó su lengua de izquierda a derecha no olvidó ningún lugar disponible.
-¡De-detente…! Ah… nnn… mmm..
La situación lo desbordaba y Nicolás sin poder aguantar más, finalmente decidió ceder ante ese impulso y con una vos razonable pero casi espectral se dirigió al joven.
-¿No tengo escapatoria verdad? Entonces suéltame no quiero ser violado por un crío de 17 años.
El joven notó el cambio en él y un ligero escalofrío recorrió su nuca. Era como si algo se hubiera poseído de aquel inocente hombre y ahora lo miraba una bestia capaz de cualquier cosa.
-¡Te dije que me sueltes!
Aflojó las ataduras y repentinamente Nicolás saltó sobre el muchacho, lo arrojó sobre la cama, tomándolo por el cuello.
-Te gusta jugar verdad. Ahora quien ríe último.
Albert temió por un momento, pero su espíritu rebelde era más fuerte. Apretó con sus manos el rostro de Nicolás y lo atrajo hacia él besándolo y succionando sus labios. Nicolás lo dio vuelta colocándolo boca abajo y murmurando en su oído.
-Ambos caeremos en este agujero negro.
Bajo la ropa interior del muchacho y humedeciendo su dedo, lo introdujo en su interior.
-Me… Estaaa lastimando. Ahhh!!
El sacerdote no sabia claramente que hacer, pero una vos en su interior lo guiaba fielmente.
Atrajo el cuerpo del muchacho hacia sus caderas, y en ese momento Albert sintió como una masa caliente se introducía en él.
-Uuhhh…. Oohhhh… auch…. me duele….- las palabras del joven fueron acalladas una ves que Nicolás cubrió su boca con la almohada.
-No grites. Pueden escucharnos.
Nicolás envestía profundamente el cuerpo del joven acelerando y desacelerando su ritmo.
Ahhh! ¡Está… tan… profundo…
Ahhhhh!!
Recibieron placer por igual y se dejaron llevar por un mar de sensaciones que los arrastró como una ola furiosa. Los movimientos se incrementaron y Albert intento acallar sus gemidos mordiendo la almohada tan fuerte que su labio sangró, pero el placer era tan intenso que ni siquiera se dio cuenta del dolor. Ambos se permitieron correrse y quedaron exhaustos tendidos sobre la cama.
El sacerdote se levantó, limpio su cuerpo y miro al joven que yacía boca abajo totalmente ultrajado. Se sentó a su lado y acaricio su cabellera.
¿Estas bien? por favor vístete. ¿no te lastimé verdad?
Tomándolo del brazo el joven sonrió y su mirada demostraba lo complacido que estaba.
-Tranquilícese padre no es precisamente mi primera vez.
Nicolás dio vuelta su rostro y sus ojos denotaban su enojo.
Pero si es la primera vez que realmente lo he disfrutado.
Inconcientemente el joven que lo miraba lo abrazó y en su corazón expresó sus sentimientos.
No se que me ha hecho, pero no voy a poder alejarme de usted.
La tarde terminaba en calma y el único sonido que se escucha, era el último canto de las aves avisando la llegada la noche.
¿Como voy a salir de aquí? Pregunto Nicolás al joven, ya que mañana muy temprano salía su tren con rumbo al pueblo mas cercano. Su compromiso todavía seguía en pie.
Albert se reincorporó, y vistiò. Corrieron el mueble, y este alcanzó el picaporte de la puerta.
Èsta se abrió con fuerza y Nicolás no dudo en salir. El joven corroboró que no estuvieran sus hermanas y se dirigió a la cocina donde su madre lavaba la vajilla.
-Ahora váyase. Entretendré a mi madre, salga por la puerta trasera
Nicolás aprovecho el momento y escapó silencioso de aquel lugar.
Mientras se alejaba apurado en la naciente oscuridad miró hacia todos lados y se fue rumbo a la capilla, en su interior reflexionaba sobre su confección de mañana e inevitablemente apesar de su preocupación no pudo evitar formar una alegre sonrisa en sus labios.

“No podemos decir que la tristeza es una privación de una mayor perfección, pues la privación no es nada, mientras que el sentimiento de la tristeza es un acto, no puede ser otro, que el acto por el que se pasa a una perfección menos”
(Siglo XXI, Spinoza)
Continuarà…

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