Despues De La Tormenta Llega La Calma – Capítulo 2

NOSTALGIA

Desde un rincón en su alcoba; los primeros rayos de luz iluminaban un rostro inerte, demacrado; un cuerpo cansado por el insomnio. A l igual, madruga sin refunfuñar, su vida se rige por una marcada conducta intachable la cual fue formada desde sus primeros años de vida. Su familia se componía por un grupo de religiosos fanáticos los cuales castigaban con total crueldad cualquier acto barbárico y fuera de lo normal .Su padre reflejaba una imagen intimidante y un tanto sombría
Desde pequeño supo lo que era el sacrificio y el trabajo pesado, siempre fue encaminado en obedecer todas las doctrinas impuestas por la iglesia y las decisiones tomadas por su familia.
En ese momento un recuerdo lo golpea y llena de tristeza, aquella imagen de su hermana siendo llevada muy lejos, con el rostro flagelado y las vestiduras rasgadas. Solo los sollozos de su madre lo hacían saber que no se encontraba en una pesadilla , no había caído dormido bajo ningún extraño hechizo , era la cruel realidad de saber que su hermana fue encontrada con un joven del pueblo y que solo a sus 15 años era arrojada a la afueras de la ciudad , a su propia suerte. En su mente esas dulces palabras resonaban como puñales que dejaban una herida que nunca lograba sanar.
-Nicolás… Nicolás!!! No te dejes corromper… Algún día volveré… Ese momento nunca llego y jamás la volví a ver: Mi dulce hermana Priscila…
Cada vez que ese recuerdo aparece en su mente las lágrimas comienzan a fluir de los ojos de Nicolás y aunque trate de secarlas más y más gotas tibias brotan por doquier. Un sentimiento de impotencia empuja en su pecho y el cólera se apodera de su ser:
-Por qué Priscila?
Es verdad, tenia la misma edad que ese joven muchacho que había comenzado a frecuentar su iglesia. La misma cara angelical que escondía en su interior los más perversos y lascivos pensamientos. El deseo del placer carnal…
Una extraña coincidencia que unía a esas dos personas, un destino casi casual, ambas se cruzaron en su camino, una con un lazo afectivo irrompible a pesar del tiempo; pero trágico a la vez y la otra enmarcaba un gran signo de pregunta:
-Por cuantos mas tormentos deberé de pasar?
-Priscila…Seré capaz de escapar? O solo quiero ser arrastrado por ese mismo mal…

Siendo las 06:30pm se prepara para trabajar, su actitud servicial y su devoción por ayudar son sus principales virtudes, las cuales lo ayudaron en elegir su vocación. Su congregación se caracteriza por la ayuda espiritual y la educación en la fe, que brindan a sus devotos. Su corazón se regocija de solo pensar las buenas obras que realizara en este día; solo la duda se apodera de el cuando recuerda aquella mirada frágil pero distante.
-Es mejor que tome un baño… así lograre relajarme.
En ese instante sonidos de golpes captan su atención, las viejas puertas de roble tienden a resonar un poco más ya que el tiempo no ha sido tan piadoso con aquella vieja capilla. Luego de haberse sacado sus vestiduras comienza a colocárselas con mucho apuro, su puerta esta siendo tocada con gran insistencia. Corre a ver quien es podría ser un campesino en problemas o alguien que necesita su pronta ayuda..
Abre las puertas de la capilla y un estupor congela su sangre pero acelera su corazón, un rostro conocido pero avasallante lo mira sin compasión:
-Soy Albert padre… me recuerda.-
-Necesito confesarme.-
Por un instante sentí como era elevado a las alturas y arrojado sin ninguna compasión.
¿-Que necesitas? Solo palabras simples podía modular.
-Perdone por molestarlo padre Nicolás!! Mi nombre nunca sonó tan dulce como aquella vez al ser pronunciado por esos bellos labios.
-Disculpe sus vestiduras están mal abrochada.., Sus suaves manos se elevaron hasta mi pecho y sus dedos alcanzaron los botones de la misma. Un frío escalofrío recorrió mi cuello y se alojo en lo mas bajo de mis caderas. En es ese momento solo pude arrebatar sus manos. Y esquivar la mirada.
Yo puedo hacerlo… gracias.-
-Albert!! así es como me llamo .. Puede decirlo padre-.
No comprendí porque reacciono de esa manera, solo pude adivinar, que mi rechazo provoco en él una ira meramente visible. Sus ojos me miraba fijamente sus facciones eran finamente esculpidas y esos ojos claros como el día proponían mas de mil razones. Su cara suavemente se acerco a mi cuello sin dar tiempo a ningún tipo de reacción, su aliento humedecía mi oído y el respirar constante me adormecía como un suave narcótico…
UMM!! Huele a café padre.-
Usted sabe esa es mi bebida favorita.- mi padre no me deja beberlo pero cuando algo me gusta soy muy terco a perderlo.-
No digas tonterías crío!!!- mi interior rogaba por gritar.-
Si tienes algo importante por decir hazlo, sino solo vete estoy ocupado- fueron las palabras que pronuncie. A pesar de todo un sacerdote debe de mantener la compostura. Súbitamente fui arrastrado del brazo y llevado hacia dentro.
Oye!! ¿Que haces… espera?-
¡Necesito confesarme padre! exclamo entre pequeños pero audibles sollozos.-
Esta bien pasa y te escuchare.-
Gracias padre Nicolás…-
En ese momento unos cortos brazos rodearon mi cintura y un frágil cuerpo se acerco hacia mí. Los cuales me apretaban casi al filo de dejarme sin respiración. -Que podía de sucederle? Que ocurría en su mente que necesitaba tan desesperada confesión.
Inconscientemente lo arrope con mi cuerpo y acaricie su suave cabellera, sus mechones se encontraban pegados a su cara por la transpiraron y las lagrimas…
Que voy hacer contigo? Pensaba en mi interior, pero ya nada me importaba solo quería consolar a ese joven que tenia unido a mi, aquel que con solo tocarme hacia que se estremeciera cada parte de mi ser…

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