Despues De La Tormenta Llega La Calma – Capítulo 1

PENSAMIENTOS PECAMINOSOS

Ya caída la noche… la calma se apoderaba de todo pequeño lugar; solo el sonido de un quejido opacaba aquel silencio de ultratumba; un murmullo apasionado pero un tanto reprimido, un sentimiento oculto que esperaba con ansias ser escuchado.
Detrás de esas gruesas paredes de la capilla un hombre luchaba con una bestia, aquella con la cual solo él y su soledad podían lidiar. Una sombra oscura que se apoderaba de él sin control; qué lo hundía hasta el más profundo infierno pero luego lo elevaba al sueño más placentero. Una lucha que lo dejaba exhausto y un tanto abatido
Tan solo una palabra tan clara como el agua podía sacarle todo tipo de racionalidad y dejarlo a mereced de casi, la locura total.
Esa palabra que asomaba por sus labios húmedos por tanto jadeo y estupor, unas silabas que resonaban desde sus caderas hasta las líneas mas finas en sus curvas, esa palabra culpable y un tanto pecaminosa: ALBERT…

Son las 4:00 AM y el padre Nicolás se prepara par comenzar su día, como un individuo que vive retirado y dedicado a la oración y la penitencia. Aunque algo en su interior lo aqueja al punto de nublar sus sentidos. Una sensación de desespero y ansiedad por llegar a un determinado lugar. Se coloca su vestimenta habitual y se prepara para comenzar con su principal tarea: la confesión matinal. Camina por los amplios pasillos de la capilla de Lourdes en las afueras de su ciudad natal; una pequeña comunidad de una zona rural.
Luego de una extensa bendición y de un desayuno digno de un rey se prepara para ir a la sala principal. A pesar de no encontrarse en un día de baja temperatura, se coloca su abrigo ya que en su interior siente una sensación de frialdad. Al abrir la puerta ese sentimiento se intensifica pero extrañamente ha mutado a un estado de entusiasmo. Se sienta en su habitual silla mientra es observado por un par de ojos salidos de la nada; ocultos bajo unos mechones de cabello que enmarcan unas sutiles facciones infantiles, pero que a la vez demuestran una mirada determinante. Ojos culpables… ojos que invitan a pecar.

No se sabe en que preciso momento comenzó o que fue, lo que lo impulsó a sentir ese sentimiento, solo sabe que se extendía cada vez más al punto de sentirse ahogado y humillado…
Piensa, hace memoria y llega a la conclusión que fue desde ese día. El momento preciso en el cual ese joven muchacho cruzo la puerta y se arrodillo ante su presencia. Un crío de no más de 17 años con ojos claros como el cielo pero penetrantes y lujuriosos que te hacían sentir más cerca del mismísimo infierno.
Una joven voz que comenzó a relatar secuencias propiamente salidas de una película lasciva y corrompida. Un sin fin de hechos escandalosos y deshonrosos; los cuales nublaron sus sentidos y lo hicieron sentir avergonzado, algo que no había sentido desde sus diez años, cuando su madre contaba sucesos de su infancia y ahora con sus 35 debía de volver a experimentar.

Al volver a sus aposentos Nicolás recordó el último instante previo al finalizar esa confesión; aquel donde pregunto a ese joven su nombre y este respondió: Soy Albert padre… Por favor no lo olvide…
Jamás volveré a olvidar esas palabras:-pensó en ese momento, son aquellas que me torturan incansablemente, que me quitan el sueño. No controlo mi ser, ellas me controlan a mí y hacen que me encierre en mi alcoba y haga cosas inimaginables. Esas que me prometí olvidar el día que deje el seminario y me propuse vivir una vida al servicio del señor y de mi querida comunidad.
Actos indecorosos que hacen que mi cuerpo se estremezca y mis labios se lastimen por tratar de ocultar aquellos gemidos. Una actitud sin dignidad. Aquellos visitantes de la noche.
-Lo he perdido todo….
-Que estoy haciendo…
-ahhhh… ¡Dios mío ayúdame!!!!
Luego de la tormenta viene la calma… -dice el dicho, pero solo la calma golpea a mi puerta si sucumbo bajo sus deseos.
Al llegar la mañana llegan los primeros rayos de sol y con ellos el nuevo día comienza por aparecer. Mis ojos se abren pero no puedo ver bien, están cansados, tienen sueño. Otra noche en vela que se suma a mi itinerario cotidiano.
M e levanto resignado, debo cumplir con mis tareas; mi afán por continuar es de elogiar. Se que debo enfrentar a ese que me atormenta, pero siento que hoy algo a cambiado, ya no estoy sobrepasado por la situación y la ansiedad a disminuido al punto de no molestarme
¿Que ha pasado? Acaso -¿puede ser que me he dado por vencido? O solo lo he aceptado.
Sin vacilar me dirijo al confesionario, me siento en esa cómoda silla y aguardo por abrir la pequeña ventana. Un sentimiento de entusiasmo se apodera de mi corazón, no me siento perseguido, al contrario estoy ansioso por enfrentarlo. Después de unos minutos un hermoso par de ojos claros me miran y unos labios con rebordes carnosos y móviles, rojos como la sangre, que pronuncian unos sonidos melodiosos parecidos al canto del ruiseñor. Frases que movilizan, que destruyen y resurgen de la oscuridad .Una frase que deseo volver a escuchar:
-Eh…Soy Albert
-Padre perdóneme porque he pecado…

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