Desfiguración – Capítulo 1

El pasado infame…

Amo la guerra, amo la muerte, amo la paz, amo la vida. Odio a los demás, me odio a mí mismo. Os quiero, me quiero. Quiero ver algo horrible y luego viajar a las Bahamas y disfrutar de la belleza. Me encanta cuando los rostros marchitos lloran sangre y disfruto con la eugenesia. Siento que soy de una raza intelectual, soy intolerante. Siento que hay seres inferiores y superiores. Creo en el odio como forma de vida. No concibo el miedo sino como arma para eliminar a mis enemigos. Las amistades son instrumentos para mi ascensión particular. Y soy envidioso. Cobarde. Egoísta. Nunca ayudaría a nadie sino fuera por algún bien personal, ideal o material. Soy la imagen de la desgracia y un amargado. La alegría me invade cuando siento las miradas de incomprensión y me crezco con quienes tienen malas ideas sobre mí. La manipulación es tan sencilla como provocar a una masa estúpida que pica. Puedes ir con una esvástica y te tildarán de nazi, pero a la vez manipularás la idea que tienen de ti. Te catalogarán y presupondrán que tienes unas u otras cualidades. Nazi es igual a malvado, el Ché es igual a combatiente por la libertad y Gandhi es solo un viejo muerto de hambre que era una desgracia para el sentido común. Cuando no hay límites morales expandes tu pensamiento a cualquier tipo de juzgo, donde no hay una esclavitud hacia lo bueno o malo. Te diviertes con la arrogancia y disfrutas de la inquisición. Puedes jugar a ser un salvaje, mientras coreas el corán y llevas una cruz.

Otra maldita clase donde escuchar aquellas ideas de las que solo siento un enorme asco. Allí estaban esa pandilla de universitarios temporales, que abogaban por un pensamiento dependiendo del tiempo vivido, incapaces de escapar de las redes de su tiempo. Esclavos del pensamiento de una época. Esclavos los llamo yo, Hegel usaría otro termino alemán. Yo me sentaba al final, es una norma básica de los aristócratas nunca compartas asiento con la plebe. La típica chica adapta a un entorno hablaba de lo que consideraba ideas sumamente innovadoras. La obra en cuestión era un billete de un amrco alemán donde ponía el nombre del susodicho artísta y unas palabras escritas “Art= capitalismo” y se había valorado por un montón de dinero. El cuál expuso en un museo, no me malinterpretéis me encanta que ciertos individuos se aprovechen de los imbéciles, lo que detesto es cuando los estafados justifican la estafa. Como el tonto que compra algo y lo ensalza aunque todos sepamos que es una basura y una fanfarronada.

-Pienso que el arte forma parte de… nosotros también y debemos valorar los trabajos y obras de… pues… de esta gente… ya, es una crítica… al capitalismo, al al consumismos, es una crítica al dinero.

Obviando su incapacidad para hablar en público, lo patético de su mensaje era la esencia de la sociedad actual, un puñado de ratas a las que se les ha permitido opinar. A mi nada me diferenciaba de ellos salvo mi voluntad. Levanté la mano por diversión.

-Este tipo ¿Cobró?

La profesora asintió y supe que era patético entrar a debatir, los conceptos artísticos se habían vuelto una mera maraña de deseos personales, alejados ya de la técnica. Por lo que era imposible entender en su complejidad tan simple el arte. Complejo visto desde la inmensidad de opiniones a las que está sujeto. Simple porque condensa la esencia de una sociedad patética y de masas que se cree individual. Recordé a Ortega y Gasset la deshumanización del arte. Cuánta razón tenía ese esperpéntico sádico y pesimista. Uno de mis camaradas tenía también razón cuando citaba la Metafísica de Aristóteles, te permite entender lo que llevas años sabiendo. Todo es y no es, pero no porque coexistan a la vez, sino porque tienen campos diferentes a los que acudir, es como las ramas de un árbol que se bifurcan. Por lo que toda mi contradicción poseía un sentido explicativo. Amo la libertad, pero amo arrebatarles la libertad a los demás y me gusta cuando soy esclavo de una de tantas zorras nocturnas que saben más por viejas que por mujeres. Disfruto cuando la gente muere y sufro cuando mueren mis allegados. Yo no niego mi odio, pero tampoco el amor. Me encanta saber que hay desgraciados por el mundo y lloro cuando veo una película dramática. Soy empático, aunque he sido capaz de insultar a las personas que más me han amado y despreciarlas como la basura que son. ¿Soy un monstruo? Eso me importa poco, y si lo soy, estoy orgulloso. Soy el monstruo más humano que existe. Soy el último humano.

Nuestro debate acabó acaloradamente y yo quedé como un radical infame. Un soberbio de los muchos que abundan a patadas por el mundo, sin embargo yo me odiaba a mí mismo. Mutado por las cadenas de mis fobias hasta convertirme en lo que soy yo… La gracia estuvo al poco en lo que esos pensamientos apresan a los individuos, la propia concepción de la muerte. Nos han inculcado por cultura una visión tan peculiar de la muerte que suena un tema tabú. Hacía poco habían muerto un puñado de monos asiáticos, y nosotros los monos europeos hablábamos de lo mal que estaba ese país. Debíamos ayudar, y todos se preguntaban el motivo de la construcción de poblaciones en esas zonas tan problemáticas. Yo hallé una sencilla respuesta: Si analizamos el crecimiento demográfico y económico de esa población afectada durante todos estos siglos y los comparamos con los daños provocados por el incidente natural que los ha destrozado el balance sigue siendo positivo.

Mil millones de muertos o mil muertos son números que ya carecen de sentido. Incluso habiendo sido uno, son irrelevantes. Sin embargo, sigue pareciendo que no. Las víctimas como los vivos son únicamente números, sus actos quedarán enterrados cuando no halla humanos para estudiarlos. ¿Para qué sirve coexistir pacíficamente si vas a morir igualmente?

Aquellos debates morales de poco me servían para alcanzar la verdad, al fin y al cabo nunca la hallaría, por lo que mis diversiones se distraían en otros menesteres como las mujeres y el vino. Sentir los preciosos labios de una de esas lamiendo y lamiendo, pudiendo gozar de su jugoso coño como de quién come un sabroso helado cálido era parte de los amores de mi existencia. Lo mejor no era el sexo, lo mejor era despertarte por la mañana y largar a la susodicha con unas preguntas escuetas y contundentes.
-¿Todavía sigues aquí? ¿A qué coño esperas para largarte?
Después de recitar poesía erótica, porque al fin y al cabo la única poesía que engatusa a esas curvas enfermizas para cualquier hombre es una línea blanca y recta. Mi amada se marcahab como lo que era, otra forma humana de existencia carente de mayor sentido que andar, comer, follar, reproducirse y morir. Si la especie y toda vida acabaría por morir. Poco ha de importar si mueren ya o dentro de mil años, en cambio, cuando sufra la pérdida de alguien lloraré y seguro que me odiaré por esto que dije. Jajaja me encanta… Así debe ser!! Ahora puedo permitirme lujos que antes no podía.

Eso era lo divertido! Poder y no poder, y luego querer y no querer. Qué fácil y díficil. No hay sino si hay. Lo mejor, lo peor y lo mediocre. ¿Para qué negarnos? Caigamos en el error, equivoquémonos en los pensamientos!! Erremos en todo!! gramática, vida, ropa, qué más! Acertar es pura masturbación mental! Pocos aciertan muchos se equivocan la verdadera democracia se manifiesta en el error, en el fallo. Seamos equivocación!

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